De buenas a primeras Felicita luce como una persona calmada, reservada y algo desapegada, alguien que va a su propio ritmo. Esta imagen solo existe debido a que se guarda la mayoría de sus opiniones para sí. Felicita es aquella persona que tiene extensos monólogos internos respecto a todo lo que la rodea, sus ojos de apariencia desinteresada siempre escaneando a las personas y dejando que su mente los sujeta a juicios injustos basados en prejuicios
Otros tipos de características igual pueden resaltar al convivir con ella. Como que es una persona responsable, por ejemplo. La mayoría de su vida se ha encontrado en posiciones de responsabilidad, especialmente sobre otra gente, así que desarrolló una naturaleza protectora y atenta. Pero solo para los que son su responsabilidad, claro. No solo se ve desapegada sino que lo es, todo aquello que no tenga significancia para ella o sus amigos es dispensable.
No se considera una persona conflictiva, llegando al punto de mirar hacia el lado ante los problemas de terceros y eligiendo no involucrarse. Sin embargo, tapada por fachada y dificultades para expresarse, existe una leve ansiedad. Al pensar demasiado y juzgar apresurada, es el tipo de persona que decide las cosas antes de tiempo. Esto la hace un tanto impredecible en una situación de extrema presión, siendo capaz de un arrebato violento si fuera necesario para cuidar a sus amigos. Claro, las consecuencias de esas reacciones serán problema de la Felicita del futuro.
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Crescent City es la única ciudad en el condado de Del Norte, California. Y aún siendo la única ciudad, es un lugar sumamente tranquilo. Al menos eso diría Felicita, quien nació unos años después de la mayor tragedia que afrontó la costa pacífica. No está segura si sus padres ya residían allí o se mudaron cuando la ciudad transitaba su gran periodo de recuperación y renovación, pero esa ciudad es todo lo que Felicita conoce.
Su padre es dentista, su madre ama de casa y ella es la segunda hija, con un hermano mayor que siempre fue el preferido de papá, su “campeón”. De todas formas, su vida era buena, pacífica y sin ningún tipo de carencias. Para cuando Felicita alcanzó los 5 años llegó un tercer hermano, volviéndose la hija del medio. Se dice que los hijos del medio suelen ser los olvidados, pero cuando el mayor tiene problemas para cuidarse hasta a sí mismo el manto de la responsabilidad cae en el siguiente. Así, Felicita ha ayudado a su madre a cuidar a los varones de la casa desde que tiene memoria, y para ella es lo más normal del mundo. Tal vez por eso cuando conoció un grupo de niños en el parque tomó un rol de amiga mamá sin pensarlo. Eran niños que vivían por la misma zona e incluso iban a la misma escuela, aunque sus edades eran un tanto dispares. Pero verse tanto al ir y volver de clases hace que las relaciones se solidifiquen, al punto en que la rutina se repetía con los años sin que Felicita notara el paso. Primaria, secundaria y se graduó, siempre hablando y viéndose con estas otras 5 niñas que conoció hace una década en un parque.
En todos esos años, las acciones y decisiones que ha tomado han sido con la simple creencia de que “es lo que debe hacer”. La verdad es que Felicita no tiene nada que le genere ningún tipo de pasión, así que ha navegado toda su vida sin pensar mucho en el futuro, ya haría algo sobre ello cuando llegara a ese punto. Esa mentalidad nunca le falló hasta que cumplió los 18 años cuando no tenía idea de qué hacer a partir de ahora ¿Estudiar o trabajar? Al final se tomó un año para pensarlo, optando por tomar trabajos de medio tiempo entre tanto.
La idea del campamento la trajo a la mesa una de sus amigas de la infancia. Podía ser buena idea pasar unas vacaciones de verano juntos antes de que tuviera que entrar al mercado laboral, no sabría cuánto tiempo libre tendría entonces.